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Palestina. El holocausto ignorado.
Saad Chedid
"La cuestión es lograr que el agresor poderoso se sienta incómodo y vulnerable, tanto desde el punto de vista moral como político. Los atentados suicidas no consignen ese efecto, ni tampoco la antinormalización, que en el caso de la lucha en Sudáfrica fue utilizada como forma de boicot contra académicos extranjeros junto con otros varios medios.
Por eso creo que debemos intentar introducirnos en la conciencia israelí con todos los medios a nuestro alcance. Hablar o escribir para públicos israelíes rompe sus tabúes sobre nosotros. Este temor a ser interpelados por aquello que su memoria colectiva ha suprimido fue lo que suscitó el debate sobre la lectura de la literatura palestina.
El sionismo ha intentado excluir a los no judíos, y nosotros, por culpa del boicot indiscriminado hasta del nombre "Israel", les hemos ayudado a llevar adelante su plan, en lugar de torpedearlo. En un contexto diferente, la interpretación de Wagner por Barenboim, aunque dolorosa para muchos que todavía sufren los verdaderos traumas del genocidio antisemita, ha poseído el efecto salvífico de permitir que el duelo avance hacia otra fase, por ejemplo, hacia vivir la vida, que ha de continuar y no debe estancarse en el pasado.
Tal vez no he captado lodos los matices de este complejo conjunto de problemas, pero el punto principal es que la vida real no puede ser gobernada por tabúes y prohibiciones contra la comprensión crítica y la experiencia emancipadora, a las que hay que conceder la máxima prioridad.
La ignorancia y la evasión no son los guías adecuados del presente."
Edward W. Said
Al-Hayat. 15 de agosto de 2001 |
El 22 de septiembre de 1982, el profesor Yehoshua Leibowitz, gran figura científica y moral del judaísmo contemporáneo, responde a la pregunta de Sarit Yishai:
“Es la consecuencia natural y necesaria de nuestra línea política desde hace 15 años. Si tenemos que dominar a otro pueblo, entonces es imposible impedir la existencia de métodos nazis. Somos los autores de esta masacre. Los falangistas son nuestros mercenarios, del mismo modo que los ucranianos, los croatas y los eslovacos eran los mercenarios de Hitler, quien los había organizado como soldados para que hicieran el trabajo por él.
Del mismo modo, hemos organizado a los asesinos en el Líbano para matar a los palestinos. Lo que pasó en el Líbano, la masacre horrible cometida en los campamentos de refugiados es un paso suplementario en el proceso del suicido del Estado de Israel.”
También Uri Avnery, reflexiona sobre estos acontecimientos:
“Detrás de la operación está el plan israelí de expulsar masivamente a la población civil palestina hacía la Bekaa, hacia la Siria y hacia Jordania. Y la lógica de la masacre generadora de éxodo es la misma que Begin ya había experimentado en el momento de la masacre de Deir Yassin el 9 de abril de 1948, cuando 250 hombres, mujeres y niños fueron fríamente masacrados por comandos “mixtos” del Irgun y de la banda de Stern (la operación había entonces sido coordinada con el Estado Mayor de la Haganah). A fin de provocar el éxodo de los árabes de la región de Jerusalén.”
Quienquiera que se haya levantado para justificar la masacre, o minimizar la responsabilidad israelí, ha cometido un suicidio moral. Se ha transformado en cómplice del peor crimen de guerra de la historia de Israel. Ha perdido su rostro humano.”
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